Para el filósofo español Ortega y
Gasset el enamoramiento es un fenómeno de la atención. En la mente humana
nuestra atención pasa habitualmente de
unos objetos a otros. Pero en el amor ocurre una anomalía. La atención queda fijada en
un único objeto, convirtiendo el resto en mero fondo sin vida. Eso le confiere a
ese objeto una mayor realidad y una estima casi absoluta para compensar la pérdida
del mundo. La conciencia se estrecha, queda paralizada, no avanza de una cosa a otra. El mundo no existe para el
amante. El amado lo ha desalojado y sustituido.
El enamoramiento es por ello un estado
inferior del espíritu, una especie de imbecilidad transitoria, dado que toda la vida anímica se ha empobrecido. Sin anquilosamiento
de la mente, sin reducción de nuestro habitual mundo, no podríamos enamorarnos. Ocurre igual que con las obsesiones, solo que a diferencia del enamoramiento estas ocurre contra nuestra
voluntad.
El amor es actividad
sentimental hacia un objeto en el que apreciamos una excelencia o perfección, algo completamente ajeno a las funciones intelectuales y al deseo. Se desea, cuando hay sed, un vaso de agua, pero no
se le ama. Se diferencia también de los sentimientos pasivos como la
alegría o la tristeza, de los que decimos: estoy triste, estoy alegre. El amor no es un mero estar, sino actuar hacia lo amado.

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