Debemos a los griegos haber tipificado las modalidades básicas del amor. Serian tres a juicio del filósofo francés André Sponville. El amor erótico o amor pasión -eros-, que es exclusivo y excluyente, ya que no es posible enamorarse de dos o más personas simultáneamente; tiene su base en el impulso sexual, aunque va más allá de él; y exige reciprocidad. Al tener su origen en el deseo siempre está orientado hacia lo que falta, por lo que no conoce la calma, tan pronto alcanza su objetivo deja de desearlo.
La segunda modalidad de amor es el amor filial o amistad -filia- que es selectivo, aunque no exclusivo, pues es posible y deseable tener más de un amigo; tiene su base en la admiración y exige reciprocidad. A diferencia del deseo, siempre insatisfecho, se alegra de lo que es, de lo que se tiene, de lo que se puede. Está centrado en el presente más que en el futuro. En este tipo de amor que profesamos a los amigos el origen del gozo no radica en la conquista ni en alcanzar ningún tipo de objetivo utilitario, sino en la mera existencia del amigo, en el mero compartir su presencia, en la comunicación íntima, en el trato frecuente y la ayuda mutua.
Y por último el amor fraterno -ágape- que es universal e incondicionado, hasta los desconocidos estarían incluidos; tiene su base en la percepción del valor sagrado de cada ser y no exige reciprocidad. Un buen ejemplo es la caridad cristiana o la compasión budista, que exige no excluir ni discriminar a nadie, ni siquiera a los enemigos. Es el más espiritual de todos ya que presta la misma atención al otro, con independencia de sus circunstancias y de la simpatía o antipatía que nos produzca, y es el que menos concesiones hace al interés propio.

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