Solemos pensar que el amor es una sensación placentera antes que una facultad que exige conocimiento y esfuerzo. Solemos creer erróneamente que amar es fácil y que lo difícil es encontrar alguien a quien amar. Pareciera que el problema del amor radica en ser amados y no en amar.
Pero como indica Erik From, en su obra "El arte de amar", el amor debe ser visto como una actividad productiva que sería necesario aprender y desarrollar antes que como una cuestión de habilidad para encontrar el objeto adecuado. Pensar que el amor tiene que ver sobre todo con encontrar el objeto adecuado es como el pintor que en vez de aprender el arte de pintar piensa que pintará bien cuando aparezca un objeto que merezca ser pintado.
El amor, que es un actitud frente al mundo antes que un sentimiento, se concreta en tres tipos de comportamientos: cuidado y responsabilidad por las necesidades del amado; respeto, que es la voluntad de que la persona amada crezca y se desarrolle por sí misma en la forma que le es propia y no para servirme. Y conocimiento, que es el esfuerzo por comprender al amado en sus propios términos.
Estas tres características del verdadero amor habrán de adaptarse a la peculiaridad de los diferentes tipos de relación amorosa. No es lo mismo el amor a los hijos que a los alumnos, a Dios que a un amigo

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