miércoles, 7 de febrero de 2018

AMOR: PÍLDORA FILOSÓFICA I


Platón en un diálogo llamado el Banquete define el amor, eros, como el deseo de poseer el bien siempre. Son tres palabras importantes: deseo, bondad y eternidad. ¿Cómo se conjugan? Se trataría de un impulso cuyo objeto sería disfrutar de la bondad o belleza de manera permanente. ¿Es posible esto para un mortal?
Solo existe un modo: engendrar obras bellas que perduren en el tiempo, ya sean estas hijos, que aseguran la renovación de la vida en la cadena de las generaciones; virtudes de carácter o leyes justas que sean dignas de reconocimiento por parte de la posteridad; o sabiduría, que es el disfrute de la belleza en sí misma, de la fuente de la que procede toda belleza que percibimos en el mundo de los sentidos: cuerpos, almas o leyes. Pues en el amor siempre hay elevación: si primero nos enamoramos de un cuerpo bello o de muchos, después nos enamoraremos de un alma bella y bondadosa, luego de las leyes justas que sostienen una comunidad y finalmente de la pura belleza.
Es destacable que Eros no es para Platón una divinidad sino un daimon o espíritu que vincula a los mortales con los inmortales, la esfera humana con la divina. Por ello el amor es ambivalente: hay en él carencia, sin la cual no habría deseo ni aspiración; pero también abundancia, en cuanto hay un presentimiento de la belleza y la plenitud, sin la cual estas no se buscarían o no podrían reconocerse cuando se encontraran. Pensemos en una forma de amor: la filosofía, que es amor a la sabiduría. De ella estarían excluidos los ignorantes, incapaces de amar la sabiduría, cuya existencia ni siquiera sospechan. Pero también los completamente sabios, como los dioses, que no podrían amar, es decir, aspirar a lo que ya poseen en propiedad.
Una bella ilustración de lo que es amor para Platón aparece en el mito del Andrógino, según el cual, en el principio de los tiempos existía junto a hombres y mujeres una modalidad de seres esféricos y perfectos, de carácter hermafrodita, a los que nada faltaba. Debido a su soberbia se atrevieron a desafiar a los dioses, siendo cortados en dos por estos como castigo. Desde entonces cada cual busca su mitad con desesperación, siendo eros, el amor, la nostalgia de la unidad perdida y el guía que dirige esta búsqueda. Es la versión platónica del mito de la media naranja.

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