viernes, 9 de febrero de 2018

AMOR PÍLDORA V



El famoso novelista Stendhal realizó una famosa aportación a la cuestión del amor con su teoría de la cristalización. En ella compara el proceso de enamoramiento con lo que ocurre al arrojar una rama seca en las minas de Salzburgo. Al cabo de unos meses aparecerá recubierta de diminutos cristales que nos deslumbrarán por su belleza y nos impedirán reconocer la rama primitiva.

El enamoramiento es de manera análoga para Stendhal, una operación del espíritu mediante la cual este descubrirá en cada suceso o circunstancia nuevas perfecciones en la persona amada, cada una de las cuales es una promesa de nuevos deleites. 

El amor nace de forma espontánea cuando alguien suscita nuestra admiración por alguna cualidad, habitualmente la belleza, siempre que tengamos una mínima esperanza de ser correspondidos. Si esa esperanza no se transforma en seguridad rápidamente, sino que mantiene la incertidumbre, al tiempo que se aviva el deseo con un continuo tira y afloja de cercanía y alejamiento, solicitud y desdén, la imaginación amorosa irá incorporando nuevas perfecciones. 

Según esta controvertida teoría nos enamoramos por tanto cuando sobre una persona normal nuestra imaginación proyecta inexistentes perfecciones. Un día vemos la realidad y muere el amor. O tal vez no fuera eso lo que quería decir Stendhal. ¿Es el enamoramiento un proceso de idealización en el que se inventan perfecciones o un  proceso de lucidez en el que se descubren perfecciones antes veladas. ¿Es el amor ciego, una especie de fotoshop sentimental? 

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